domingo, 7 de julio de 2013

Esther Cañadas

Llévame ante tu líder
Esther Cañadas es una canija con dos morcillas de colágeno por labios y sobrevalorada modelo española cuya época dorada fue los 90. A base de operaciones cada día parecía menos humana y más extraterrestre reptiliano. Incluso hay quien asegura que es prima de ET o un gremlin, incluso una rana o insecto palo.

Nació en Albacete pero vivió en Alicante hasta los 14 años que se trasladó a Barcelona para empezar en el mundo de la moda. Dos años más tarde viajó a Nueva York para presentarse al concurso de Supermodelo. Era una niña muy mona hasta que oyó hablar de la silicona. Eso sí, toda se la metió en los labios y nada en los pechos. Esto y pagar la coca religiosamente le dejó sin dinero y no le quedaba para comer, así que cada día parecía más una muerta de hambre del tercer mundo o un alien que una persona.

Su fama empezó a crecer cuando se casó con Mark Vanderloo, matrimonio que solo le duró un año. De hecho, esta relación solo fue una estratagema publicitaria en la que dudamos que hubiera sexo. El siguiente montaje fue con José Coronado y se casó con Sete Gibernau, uno que no paraba de comer asfalto en moto GP cuyo matrimonio le duró aun menos. Probablemente fuera porque Sete se caía de la cama en pleno acto sexual. Por lo que cuentan malas lenguas, Sete se calzaba a más de una después de casarse con ella

Llegó a salir en películas como El Secreto de Thomas Crown, pero acabó en bodrios patrios como Torrente 2: Misión en Marbella o Trileros. Se retiró de la escena pública (o la retiraron) para que dejasen de echarle cartas en el buzón que tenía por boca.
Se le olvidó que la morcilla engordaba y empezó a inflarse a comer, e incluso parece más humana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Para comentar en esta web hay dos vías. Una es usando los comentarios que cada página tiene para insultar a su autora y decir que este blog es una mierda. Tanta sinceridad puede llegar a que otros lectores se sumen a lo que es ya, un secreto a voces. La verdad duele.