Colombofilia
Aunque no está reconocida por ninguna institución seria, cuenta con una comunidad estable, ruidosa y con mucho tiempo libre
Etimología
El término se forma por composición culta. Por un lado Colombo, apellido ampliamente extendido de origen itálico y de gran sonoridad. Por otro philia, sufijo griego que indica amor, inclinación o afición marcada.
Literalmente significa amor a los Colombos. No hay metáfora. No hay doble lectura. Es exactamente lo que pone en la lata.
Historia
La historia de la colombofilia es la historia del apellido Colombo yendo por el mundo generando fans sin pretenderlo.
Fase I, fundacional: Cristoforo Colombo.
Un señor que se va a buscar especias y acaba encontrando un continente entero por un error de cálculo. A partir de aquí el apellido adquiere un prestigio que ningún departamento de marketing ha podido replicar.
Fase II, audiovisual: Década de 1970
El teniente Colombo. Un hombre con gabardina arrugada, puro a medio fumar y la capacidad de decir solo una cosa más durante 45 minutos. La colombofilia da un salto cualitativo.
Fase III, contemporánea: Democratización del apellido gracias a Facebook, LinkedIn y listados de clase.
El colombofílico ya no necesita esperar a ver un Colombo en la tele, puede buscar activamente. Se estima que el 100% de los colombofílicos ha escrito alguna vez Colombo en la barra de búsqueda de Instagram solo para ver qué sale.
Clasificación
La literatura actual, que son dos PDFs mal maquetados y un grupo de Telegram, distingue tres variantes principales:
1. Colombofilia cristobaliana
Centrada en la figura del Colombo original. El paciente habla mucho de navegación, de carabelas y de que él en su época también habría cruzado el Atlántico. No lo habría cruzado. Presenta tendencia a comprar mapas antiguos y a llamar América a cualquier sitio al que llega tarde.
2. Colombofilia detectivesca
El objeto de afecto no es cualquier Colombo, es el Colombo que interroga. El paciente idealiza al Colombo que parece despistado pero lo tiene todo atado. Suele manifestarse con compra compulsiva de gabardinas en pleno agosto y con la frase recurrente es que me encanta cómo piensa.
3. Colombofilia patronímica pura
La más frecuente y democrática. No importa si eres Cristoforo, Alberto, Sandra o el fontanero de Escayolas Colombo S.L. Si en tu documento pone Colombo, el colombofílico puro te otorga automáticamente diez puntos extra de interés. Es amor al significante en estado puro.
Manifestaciones clínicas
El cuadro colombofílico es muy reconocible en entorno natural:
Alerta Colombo. El sujeto es capaz de detectar un Colombo en una lista de 300 nombres en 0,8 segundos. En reuniones de trabajo no escucha el contenido, escucha si alguien dice mi primo Colombo. Si lo dice, se activa.
Valoración desproporcionada. A igualdad de condiciones, el colombofílico elegirá siempre al Colombo. Dos electricistas, mismo precio, mismas reseñas. Uno se apellida Colombo. Va a elegir al Colombo aunque le tenga que esperar tres semanas. Porque transmite confianza ancestral.
Coleccionismo involuntario. Acumulación de recortes, capturas y anécdotas relacionadas con Colombos. El paciente guarda contactos en el móvil como Colombo Sandra Ferretería, Colombo Marco Universidad, Colombo Teniente Ficción. Tiene más Colombos que primos.
Euforia administrativa. Experimenta una alegría desmedida al encontrar una calle Colombo, un comercio Colombo o un polígono Colombo. Se hace fotos. Las sube a historias con música épica.
Diagnóstico
Criterios propuestos por el Manual de Diagnóstico de Aficiones Muy Específicas:
1. Búsqueda activa de personas apellidadas Colombo en al menos dos redes sociales en el último mes.
2. Reacción emocional desproporcionada al escuchar el apellido Colombo en contextos cotidianos como la megafonía del supermercado.
3. Uso de la frase qué buen apellido tienes, en serio, más de tres veces al semestre.
4. Negación inicial seguida de orgullo moderado.
Con tres criterios, se considera colombofilia leve. Con cuatro, colombofilia establecida y con posible compra de gabardina.
Tratamiento
No se contempla cura porque no se considera enfermedad. Se considera rasgo de personalidad con mucho tiempo libre.
Las terapias de exposición consistente en convivir solo con personas apellidadas García para diluir el efecto han fracasado. El sujeto acaba diciendo los García están muy bien pero no es lo mismo.
El abordaje recomendado es la integración social. Presentarse como colombofílico, explicar que no es peligroso y, si se conoce a un Colombo, pedir permiso antes de contarle toda la historia de su propio apellido como si él no la supiera ya.
El pronóstico es excelente. El colombofílico hace su vida con normalidad, trabaja, paga impuestos y solo interrumpe conversaciones para decir perdona, has dicho Colombo.

Comentarios
Publicar un comentario
Puedes comentar si te ha gustado este blog o para insultar a su autora y decirle que este blog es una mierda. Tanta sinceridad puede llegar a que otros lectores se sumen a lo que es ya, un secreto a voces. La verdad duele.