Cheesus Christ
Nació en los verdes campos de Wisconsin, en un pequeño pueblo llamado Cheddarum.
Hijo del granjero José Quesozano y su esposa María Gouda.
Aunque su nacimiento no fue anunciado por estrellas ni ángeles, la leyenda dice que una vaca sagrada dejó caer una cuña de queso sobre su cuna.
Desde temprana edad, Cheesus mostró signos de ser un queso especial. En lugar de jugar con los demás niños, pasaba horas estudiando los misterios del queso en la biblioteca local. A medida que crecía, se hizo famoso por sus habilidades para convertir el agua en fondue y multiplicar los quesos de cabra para alimentar a las multitudes hambrientas.
Cheesus predicaba un mensaje de amor y armonía, animando a todos a compartir y disfrutar del queso. En una ocasión, organizó un gran banquete donde convirtió una sola rueda de queso en suficiente queso rallado para alimentar a una multitud de miles de personas. Los comensales quedaron impresionados y declararon que ese era el mejor queso que habían probado. Menos uno, que acabó en el hospital.
Su popularidad creció rápidamente, pero no todos estaban contentos con el poderoso mensaje de Cheesus. La industria láctea, temiendo su influencia, comenzó una campaña difamatoria en su contra. Lo acusaron de ser una amenaza para la salud pública, alegando que su queso contenía demasiadas grasas saturadas.
Pero Cheesus no se rindió ante la adversidad. Siguió enseñando y predicando en todo el país, llevando el mensaje de la bondad y la deliciosa grandeza del queso a todas las personas. Realizó milagros, como transformar quesos cheddar en exquisitos quesos azules y hacer que los lactosintolerantes pudieran disfrutar del queso sin sufrir malestares.
Finalmente, llegó el día en que Cheesus decidió realizar su último acto de redención. Reunió a sus seguidores en una gran quesería y anunció que se sacrificaría por el bien del mundo. Tomó un pedazo de queso suizo, lo bendijo y lo partió en pedacitos. Les dijo a sus discípulos: "Tomad, esto es mi queso, que será partido por vosotros". Se les fue de la mano el asunto. El hambre se juntó con las ganas de comer y se lo comieron entero.
Aunque su cuerpo acabó en la panza de sus apóstoles, su espíritu se extendió por todo el mundo. Las personas se reunían para celebrar su memoria y compartir el queso en su honor. Hasta el día de hoy, las queserías de todo el mundo se llenan de seguidores de Cheesus, que veneran su mensaje de amor, amistad y queso fundido.
Cheesus Christ, el Queso Redentor, nos enseñó a ser indulgentes, a disfrutar de los placeres simples de la vida y a compartir la alegría del queso con los demás. Su legado vive en nuestros corazones y en nuestras bodegas de quesos, recordándonos que a través del queso, podemos encontrar la plenitud y la unión con el mundo.

Comentarios
Publicar un comentario
Puedes comentar si te ha gustado este blog o para insultar a su autora y decirle que este blog es una mierda. Tanta sinceridad puede llegar a que otros lectores se sumen a lo que es ya, un secreto a voces. La verdad duele.