Jason Arday
Jason Arday fue un farsante aupado por las ridículas políticas de diversidad e inclusión del wokismo y políticas de diversidad.
Lo tenía todo para encandilar a una izquierda ávida de relatos. hijo de inmigrantes ghaneses, criado en la clase obrera, supuestamente autista y analfabeto hasta los 18, que contra todo pronóstico alcanza una cátedra de sociología en la centenaria Universidad de Cambridge
Su tesis doctoral estaba plagiada, sus hazañas maratonianas no existían, su obra benéfica era un invento y su supuesta excelencia académica exageración.
Su obra académica es muy deficiente, está llena de charlatanería posmoderna y cursilerías propias de un manual de autoayuda. Como profesor era pésimo. Muchos de sus alumnos se quejaron porque las supervisiones eran muy malas o inexistentes.
Las instituciones, lejos de investigar, atacaron a los que osaban desenmascararlo.
Orígenes
Nació en Clapham, Londres.
Se crió en una familia trabajadora. El problema es que una bonita historia de "hijo de enfermera y chef que estudia mucho y llega a profesor" le debió parecer demasiado aburrida para el marketing académico, así que decidió sazonarla con un toque de Oliver Twist, apuestas clandestinas de billar y ropa hecha con retales
Décadas después, él afirmaría que pasó su infancia en un silencio absoluto, como un monje zen.
Los testimonios recogidos por la prensa británica pintan otro cuadro: Jason era el animador oficial del barrio, capaz de narrar en directo cómo se enfriaba el té.
La Escuela Primaria Heathbrook
En la escuela, Jason no era un niño silencioso ni retraído.
Era el payaso de la clase, maestro de las voces raras y director de coro improvisado en el autobús escolar.
Su supuesta “mutidad hasta los 11 años” fue recibida por los vecinos con la misma sorpresa que si les hubieran dicho que el Big Ben iba a pilas.
Adolescencia y Juventud
Jason empezó a construir una versión épica de sí mismo, mezcla entre Forrest Gump, Terminator y un anuncio motivacional escrito por alguien con fiebre.
Afirmó haber corrido 30 maratones en 35 días, hazaña de maratón por día que ni Hércules.
Cuando la prensa buscó pruebas, pero como no las encontró y no querían que pensaran que eran de extrema derecha de callaron.
También aseguró haber corrido 600 millas en seis días rompiendo las leyes de la fisiología humana.
La Metamorfosis Académica
Jason declaró que no aprendió a leer hasta los 18 años. Sin embargo, en menos de una década se graduó, hizo un máster terminó un doctorado y se convirtió en profesor universitario
Su tesis eran entrevistas sueltas, conclusiones sesgadas y una estructura que parecía escrita por alguien que descubrió Word la noche anterior.
Cambridge: La Coronación
Las universidades británicas, desesperadas por demostrar que estaban a la vanguardia de la diversidad, encontraron en Jason un símbolo perfecto joven con narrativa de superación y una historia que parecía escrita por un departamento de marketing con exceso de entusiasmo.
El tribunal de Charos que convocó Cambridge y que encumbró a Jason Arday no era neutral; estaba dominado por la izquierda académica y su fijación por la justicia social. Sus nueve miembros dedican sus carreras a la teoría crítica, la equidad y las políticas identitarias.
Su falso currículum de víctima oprimida encajaba tan perfectamente en sus marcos teóricos que les cegó por completo, anteponiendo la cuota identitaria al rigor académico.
El sistema que decidió no verificar nada porque la historia era demasiado bonita para arruinarla con datos.
Cambridge lo presentó como el profesor más joven, más brillante, más extraordinario.
La diversidad se convirtió en un escudo institucional que impedía cualquier escrutinio.
Preguntar por metodología era “acoso”. Pedir datos era “microagresión” y solicitar pruebas era “racismo”.
Los alumnos que se quejaban de sus clases eran silenciados con acusaciones de “white privilege”.
El Desmoronamiento
La prensa británica revisó cada capítulo de su vida y descubrió que la historia tenía más grietas que una carretera mal asfaltada.
Las universidades respondieron con un clásico: “Ataque racista”.
Incluso cuando las preguntas eran tan simples como:.¿Dónde están las maratones, ¿Dónde están las donaciones millonarias verificadas?, ¿Dónde están los datos de la tesis?
La policía llegó a interrogar a académicos que habían pedido explicaciones metodológicas. Preguntar por datos se convirtió, mágicamente, en “acoso racista”.
Epílogo
Tras revisar todas las hazañas, proezas, milagros y epopeyas, parece que solo una cosa era verificable: Jason Arday era negro.

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