Miguel Iborra Gracie fue un futbolista cani con cara de pardillo que actualmente ha colgado las botas y se casó con Ana Allen, solo que ella no lo sabe.
Fue criado en un orfanato y adoptado por un arqueólogo muerto en un accidente de aviación en Nepal. Asistió brevemente a la Universidad Juan Carlos I (sacando 9 másters) antes de instalarse en el Tibet para aprender la mística sabiduría de los lamas. Dudó entre dedicarse al deporte o seguir su carrera musical tocando el timple.
Eligió el fútbol y se formó en las categorías inferiores del Valencia C.F y en la de la U.D Las Palmas.
Con el Valencia metió un gol, pero se lo anularon y él no se enteró, ya que salió corriendo de la alegría al público y se fue para casa.
Lo llamaron a filas y fue encarcelado por un delito que no había cometido, no tardó en fugarse de la prisión en la que se encontraba recluido, hoy buscado todavía por el gobierno sobrevive como jardinero de fortuna en Francia.
Un ojeador se fijó en él y se maravilló como cortaba los setos.
Acabó en el segundo equipo del Paris Saint Germain.
Se supone que nació en 1990, con lo que en 2012 ya contaría con 22. Un poquito mayor ya para estar en categorías inferiores.
El PSG se vio obligado a desprenderse de él tras la llegada de Neymar para cumplir con el fairplay.
Cuando prescibió su delito de deserción volvió a España y acabó en la U.D Las cabras hasta que una torsión testicular acabó con su prometedora progresion. Decidió colgar las botas
Actualmente anda por ahí sin un huevo y lo está buscando Pipi Estrada para darle dos hostias por poner fotos guarras de su mujer en Twitter. Eso sí, Pipi aun no le ha pagado la coca.

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