miércoles, 16 de enero de 2013

Noé

Ea palomita, ve a buscar los píxeles que me faltan
Noé es un señor barbudo tataranieto de Adán que se dedicaba a hacer barcos en los sitios más iverosímiles. Jugaba a la petanca y tiraba migas de pan a las palomas sin molestar nunca a nadie. Bien es cierto que espiaba a su vecina, pero en los pergaminos, justo en la parte que lo decía hay un agujero y sin pruebas no hay crimen.
Un día, Dios se dio cuenta que Noé era el único que no le había salido defectuoso de fábrica y estaba empezando a arrepentirse. Así que decidió hacer borrón y cuenta nueva. Se decantó por lo más humano posible; un diluvio universal y ahogarlos a todos.
Dios decidió darle la exclusiva a Noé y como él era un buen hombre, pasó 120 años advirtiendo a sus contemporáneos del peligro que los amenazaba, pero no le hicieron caso. Por otra parte, cualquiera hace caso a un señor que está construyendo un barco enorme en su jardín.
Noé no tenía conocimientos ni las herramientas para construir un barco, pero Dios le proporcionó unos DVDs de Bricomanía. Se lo tomó con calma y tanto él como su familia tardaron unos 50 años en terminarla. Todos los del pueblo lo señalaban con el dedo y se partían la caja, cosa bastante comprensible.
Llegó el día y llovió del copón. Tuvo una duración de cuarenta días con sus noches respectivas, durante los cuales toda la Tierra llegó a estar bajo las aguas, destruyendo todo rastro de vida humana y animal, exceptuando a los animales que, junto a Noé y su familia, subieron al arca. Cuando terminó de llover, se secó todo y todos estaban bien muertos, se bajaron del arca.
Noé y su familia se hicieron una coqueta mansión cuyos cimientos eran cadaveres, que la cosa no estaba para desperdiciar nada.
Después de esto, Noé 350 después del diluvio, fingió su muerte y actualmente asalta casas por el método de chimeneing bajo el seudónimo de Papá Noé.

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