martes, 25 de junio de 2013

Jaume Roures

Gargamel Jaume Roures
Jaume Roures Llop es un empresario y productor cinematográfico español de extrema izquierda y catalanista, pero por sus actos parece una caricatura del capitalismo salvaje: Despidos en masa. Tratos de favor con el Gobierno.

Durante el gobierno de Zp tuvo Leyes ad hoc, tramitadas con urgencia, para él solo, fusiones dudosas, Endeudamiento inconsciente, fiado en sus aliados de la banca y el poder. Lo único anticapitalista que le queda es no llevar corbata.

Aun así él se sigue diciendo que es un marxista convencido y comprometido. En su juventud militó en la troskista Liga Comunista Revolucionaria y en la IV Internacional. Incluso está a favor de la celebración de un referéndum sobre la independencia de Cataluña aunque reconoce que probablemente él votaría a favor de que Cataluña se quedase en España.

Actualmente es propietario de un 33% del grupo Mediapro, entre cuyos medios de comunicación se encuentra el diario Público y el canal de televisión laSexta, con los cuales trata de manipular mentes jóvenes a que piensen como él.

Fundó Mediapro en 1995 y alcanzó relevancia al crear el diario Público y obtener la concesión de la última licencia de televisión analógica en abierto que se concedió (La Sexta), cosa que aún sigue agradeciendo a ZP con un pelotilleo enfermizo. Parece que los ideales se quedan a un lado cuando se trata de negocios. Si Público, periódico fundado por Jaume Roures consentía que en sus páginas apareciese el término Golpe de Estado cuando se hablaba de la visita del Papa a Madrid, Overon, otra de las empresas de Roures, fue la que se encargó de la distribución de la señal que cubrió el evento.

Fue tal la identificación de Roures con el Gobierno de Zapatero que no es extraño que, con la caída de Zapatero, Roures atraviese dificultades. Su diario Público, fundado con el propósito de ser el diario más izquierdista y de apoyar el el zapaterismo, solo ha logrado sus cifras de difusión encartándose como regalo junto a otros diarios nacionales o para algunos poderse limpiar el culo a falta de papel higiénico. Roures, firme creyente en los derechos de los trabajadores, militante contra el liberalismo y el poder de los mercados, puso en la calle a treinta y nueve periodistas de Público, mediante un ERE.

También es un republicano convencido, pero no dudó en emitir la señal de la boda entre el príncipe Felipe y Letizia Ortiz. Del mismo modo, fue su filial Overon la encargada de servir y cobrar, en régimen de exclusividad, la señal de la Jornada Mundial de la Juventud mientras en su diario ponía a parir al Papa y a quienes iban a verlo.

 Roures fue la apuesta de Zapatero para librarse de Prisa, a la que definió como secta maoísta. Sus abusos de poder han tenido consecuencias en el ámbito jurídico: la Comisión Nacional de la Competencia le impuso una multa de medio millón de euros por abuso de dominio y Audiovisual Sport interpuso una demanda que se tradujo en una sanción de 97 millones de euros. Roures afronta su final con el ocaso del zapaterismo.
Otro duro golpe a su imperio fue la pérdida de los derechos de la Champions League de Gol TV que tuvo en exclusiva su eterno rival, Digital+. Aprovechando la crisis, echó al pésimo comentarista Juan Manuel Lillo y a Antonio Maceda. Lo malo de esto, es que Lillo podrá volver a entrenar y descender a otro equipo. Seguía su caída al vació y RTVE decidió prescindir de Mediapro para la producción de "La mañana de La 1".

Mientras tanto, el empresario catalán retiraron sus avales personales a los créditos que aseguraban la supervivencia del diario Público. Tenía decidido cerrarlo, pero IU le convenció de ofrecérselo a Hugo Chávez, por lo que si ya daba asco, ahora lo dará en dosis nocivas. Decidió cerrarlo y meses después decidió pujar para arrebatar la web de Público a los 130 empleados que había despedido. El multimillonario maoísta dejó quebrar la empresa y esta se subasta judicialmente. Los acreedores cobran una ínfima parte de sus deudas, y el multimillonario la recompra a precio de saldo y limpia de polvo y paja. Hay que ser maoísta y multimillonario, claro.

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