Iván Istochnikov
Iván Istochnikov fue un cosmonauta lanzado al espacio en 1968 en la Soyuz 2 con el objetivo de acoplarse con la Soyuz 3. A bordo iban el cosmonauta Iván Istochnikov y el perro Kloka.
Sin embargo, se perdió contacto con la Soyuz 2 y, cuando la Soyuz 3 la tuvo a la vista, se observó que su casco había sido perforado, posiblemente por un micrometeorito. Cuando la Soyuz 3 se acopló a la nave la encontró vacía, a excepción de una nota en una botella de vodka, por que fue abducido por extraterrestres.
Las autoridades soviéticas ocultaron los hechos, dijeron que la Soyuz 2 no había sido tripulada, borraron la imagen de Istonichkov de las fotografías y amenazaron a quienes conocían la historia para que no hablaran.
La U.R.S.S., en plena batalla espacial con los EE.UU, no podía permitir que este fracaso se hiciese público, así que aplicó las enseñanzas de Stalin y borró todo recuerdo de Stochonikov.
Las fotografías fueron retocadas, las películas borradas, los documentos destruidos...
Istochnikov, un militar muy popular en la Unión Soviética, fue borrado de la memoria.
Años después y un periodista norteamericano compró en una subasta un lote de documentos desclasificados de la agencia espacial soviética. Entre esos documentos había una fotografía que había visto muchas veces en libros y revistas, pero que era diferente.
Era una fotografía de cinco cosmonautas frente al Kremlin... pero en esta aparecían seis.
Empezó a investigar y descubrió la terrible y dramática historia de Ivan Istochonikov, indecentemente borrado, olvidado, enterrado y traicionado por su propio país en aras de un patriotismo que machaca a sus ciudadanos.
Ivan Istochnikov vagará por siempre perdido en el espacio, pero donde quiera que esté, estará feliz sabiendo que por fin su historia es pública. Y la de la perra Kloka, claro.
Consecuencias
Sus familiares fueron trasladados a un recinto de alta seguridad. Nunca hubiéramos sabido nada más de ellos si, al cabo de treinta años, no hubiera aparecido, entre las tripas de serrín de aquel osito, las notas de una adolescente que decía ser hija de Iván Istochnikov, en las que narra su cautiverio con una caligrafía cirílica casi microscópica.
Sin embargo, se perdió contacto con la Soyuz 2 y, cuando la Soyuz 3 la tuvo a la vista, se observó que su casco había sido perforado, posiblemente por un micrometeorito. Cuando la Soyuz 3 se acopló a la nave la encontró vacía, a excepción de una nota en una botella de vodka, por que fue abducido por extraterrestres.
Las autoridades soviéticas ocultaron los hechos, dijeron que la Soyuz 2 no había sido tripulada, borraron la imagen de Istonichkov de las fotografías y amenazaron a quienes conocían la historia para que no hablaran.
La U.R.S.S., en plena batalla espacial con los EE.UU, no podía permitir que este fracaso se hiciese público, así que aplicó las enseñanzas de Stalin y borró todo recuerdo de Stochonikov.
Las fotografías fueron retocadas, las películas borradas, los documentos destruidos...
Istochnikov, un militar muy popular en la Unión Soviética, fue borrado de la memoria.
Años después y un periodista norteamericano compró en una subasta un lote de documentos desclasificados de la agencia espacial soviética. Entre esos documentos había una fotografía que había visto muchas veces en libros y revistas, pero que era diferente.
Era una fotografía de cinco cosmonautas frente al Kremlin... pero en esta aparecían seis.
Empezó a investigar y descubrió la terrible y dramática historia de Ivan Istochonikov, indecentemente borrado, olvidado, enterrado y traicionado por su propio país en aras de un patriotismo que machaca a sus ciudadanos.
Ivan Istochnikov vagará por siempre perdido en el espacio, pero donde quiera que esté, estará feliz sabiendo que por fin su historia es pública. Y la de la perra Kloka, claro.
Consecuencias
Sus familiares fueron trasladados a un recinto de alta seguridad. Nunca hubiéramos sabido nada más de ellos si, al cabo de treinta años, no hubiera aparecido, entre las tripas de serrín de aquel osito, las notas de una adolescente que decía ser hija de Iván Istochnikov, en las que narra su cautiverio con una caligrafía cirílica casi microscópica.

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