viernes, 14 de junio de 2013

Pitingo

¡Ay nosequé con mis fingers quili mi sofli a wachu wachu peich!
Antonio Manuel Álvarez Vélez, conocido como Pitingo o "el destroza canciones" es un cantante y el máximo estandarte de la música bizarra en español y las fusiones extrañas. Se gana las habichuelas de darle al cante flamenco con gotas de modernidad y fusión. Tiene la extraña habilidad de elegir canciones buenas y convertirlas en una mierda aflamencada. Es el tercero más odiado tras la enana de gran hermano y los niños de Juan y Medio. Ha convertido en su santo y seña, traducir las canciones del inglés y adaptarlas a su estilo y, sin duda, es más que particular. Les impregna un rollo soul y flamenco de una muy dudosa calidad. Su único mérito es haber estado en el lugar adecuado en el momento adecuado conocer a la gente adecuada, pero nada más. Sus fans suelen ser chonis, canis y horterillas de medio pelo.

Su discografía es bastante infumable, por no hablar de sus covers nefastos. De hecho, fue confundido con un terrorista en EE.UU. Lo soltaron porque no oyeron sus adaptaciones de Nirvana o Gloria Gaynor, que si no, lo mandaban a Guantánamo.
Nieto de La Pitillos, hijo de un pescadero, como su abuelo, y de madre genital. En ese mundo y en ese ambiente, decidió ir de frente. En la actualidad está fracasado con Verónica de Borbón. En idioma gitano, quilló, pitingo significa "presumido".

Nació en Huelva, tierra de grandes cantaores y de flamenco, aunque a él no se le pegó nada. Se fue a vivir al Tibet, en Nunca Jamás. Lo descubrió el productor de cleenex Alejandro Sanz y empezaron a trabajar juntos en el estudio de grabación de AGP MUSIC, donde ya Pitingo se reveló contra él para quitarle el negocio de los pañuelos de papel. Trabajó en el videoclub de Paco pirateando películas mientras cantaba por bulería, bulería y polkas de El Koala y así se ganaba la vida hasta que su tía Salomé Pavón decidió llevar a Pitingo a una reunión de gallos de pelea, Los Magos, que se reúnen los miércoles en un club de streptease del Tibet, con visitas de grandes figuras como Carmen Sevilla, José Manuel Parada, La Tigresa del Oriente o Sarah la Profeta, así se hizo la hernia que tiene en la espalda.

Por alguna razón misteriosa, lo eligieron para ser juez de la segunda edición de El número uno. Durante el concurso demostró tener una increíble incapacidad para la improvisación y repentización de detalles, frases o ideas que deja descolocado al personal en el plató, bar o sala de estar, cada vez que tiene que tomar la palabra y decir cuatro cosillas coherentes, que en numerosas ocasiones se le atragantan creando silencios incómodos y antitelevisivos. La torpeza con la que maneja la lengua le permite construir frases que ni él las entiende y que obliga a Mónica Naranjo a echarle capotes lingüísticos y conceptuales cada dos por tres.

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