lunes, 24 de junio de 2013

Fran Perea

♫ ♪ Uno más uno son sieteeeee...quien me lo iba decir ♫ ♪
Francisco Manuel Perea Bilbao, más conocido como Fran Perea, es un insoportable actor, pésimo matemático y ñoño cantante español con cara de acelga. Formó parte de los boy scout, donde aprendió que 1+1= 7. A pesar de tenerlo todo para fracasar, Fran se topó con el éxito, tanto en la música como delante de las cámaras de cine.

Fran Perea simboliza el retraso cultural y las carencias estéticas que predominan en un país tan retrasado culturalmente como España, que forma parte de la unión europea es por pura casualidad histórica.

 Mientras en sociedades avanzadas triunfan artistas de verdad, jóvenes con talento, En España proliferan monigotes mediáticos que por saber tocar tres acordes con la guitarra acústica y por tener bíceps de gimnasio ya lo colocan como una nueva estrella del pop nacional. Pero no se vende un producto si nadie lo compra. Fran Perea no se merece ningún tipo de respeto y por ello su vuelta al mundo de la música tras un maravilloso silencio supuso otro contratiempo para aquellos que habían depositado su confianza en una ausencia que ya parecía definitiva. Su padre José Joaquín Perea, está casado con Amparo Bilbao, delegada de bienestar social de la Junta en Málaga. Es por ello que Fran es más cejero que Willy Toledo.

Lo tuvo duro desde sus inicios. Iba a un colegio de ricos, Los Olivos, y en su adolescencia ya le dio por la música y el rollito guitarrero para ligarse a la vecina de al lado. En su clase había un grupo de punky que buscaba cantante y Fran Perea se presentó a las pruebas. Los punkarras le mandaron a la mierda por no saber cantar. Que falta de visión. Fran Perea no valía ni para cantar el Anarchy in the UK.

 Sus actuaciones en destacadas pero cutres series nacionales (Al salir de clase, Los Serrano...) le convirtieron en el moja-bragas oficial atreviéndose incluso a exhibirse en compañía de su guitarra acústica para, (más allá de dejar claro su mal gusto artístico) conquistar así de forma definitiva al público femenino y, como no, el gay. No obstante, a pesar de ese temible pasado en el que se forjó una imagen complicada de lavar, el chaval intenta ahora dar carpetazo a esa difícil etapa. En cualquier caso, haga lo que haga, resultará casi imposible ganarse el respeto del público culto, indispuesto, al menos por ahora, a perdonar los anteriores papeles llevados a cabo por el malagueño. Mediocre fue, es y será. Actuó en varias películas pasteleras para seguir en el candelero y estirar un poco más el rollo veinteañero hasta que la fachada posadolescente y el colapso de la serie se agotaron.

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