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sábado, 7 de septiembre de 2013

Gina González

Una historia de amor por el dinero
Gina González es una costarricense, abogada, notaria, entrenadora de fútbol (con licencia FIFA y todo), botinera de geriátrico y periodista deportiva famosa por ser la novia de Alfredo Di Stéfano.

Llegó a España con una beca en TVE tras iniciar su etapa profesional como redactora de deportes de Repretel, una cadena de TV de Costa Rica en la que llegó a ser presentadora.

Empezó a escribir un libro sobre la vida de Di Stéfano y poco a poco fue enamorándose de sus eróticas canas, sus hermosos ojos llenos de bolsas, su brillante calva y sus maravillosos pliegues y pellejos. Por no hablar de su simpático senilismo.

Algún malpensado cree que se ligó al viejales por que era ella muy vieja para ligarse a un jugador del Real Madrid, pero está claro que ella irradia amor por dondequiera que vaya.

Tras conocerse la noticia, los farmacéuticos se explican ahora la gran demanda de viagra de esta última temporada.

Ella primero lo intentó con Jorge Valdano, Emilio Butragueño y Vicente del Bosque, pero sin éxito. Aprovechando que el viejo estaba seníl, quiso obligarle a casarse con ella. Los hijos de Di Stefano se alegraron un montón pidieron en el juzgado que se le declarase incapaz, ya que si no se quedaba ella su herencia.

Se lo llevaron a casa y dijeron que su padre no sabía nada de esa supuesta boda. O eso o que no se acordaba. Eso sí, ella no se rinde y sigue erre que erre.

sábado, 29 de junio de 2013

Marina Castaño

Tienes que tener más o menos los mismos yates o más para
casarte con ella
Marina Concepción Castaño y López es una supuesta periodista con cara alcachofa que se ha casado tres veces.

Del primer matrimonio con un tal José Luis Fernández poco o nada se sabe. Donde dio el braguetazo y se hizo famosa fue por el segundo, que fue con Camilo José Cela treinta años mayor que ella. Quedó claro desde el principio que aquello era por amor y no por el interés. Por aquella época aumentaron las visitas a los psiquiatras por una oleada de pesadillas relacionadas con una señora encima de un viejo y mantequilla.

El caso es que el viejo escritor se divorcia de su vieja y arrugada mujer y dio la espalda a su único hijo. Dejó a su primera mujer sin pensión para pagarle los caprichitos a Marina. Luego Marina Perpetró (o le perpetraron) alguna que otra novelucha o algo así. Hasta tuvo la osadía de decir que Camilo José le había dicho que era un trabajo digno.

Pero se le acabó el chollo y el viejo murió, aunque la tristeza se le pasó con la suculenta herencia que le dejó. El hijo de Cela presentó una reclamación testamentaria tras ser marginado por su propio padre de la herencia que le correspondía. La justicia le acabó dando la razón diez años y condenó a Marina Castaño, heredera universal a desembolsar alrededor de cinco millones de euros. Además fue denunciada por malversación de fondos públicos, apropiación indebida y fraude.

Cuando se le acabaron los millones de la herencia se tuvo que buscar otro. El tercer pringao fue Enrique Puras, un médico con mucha pasta. Pero por deseo póstumo del escritor, perderá el título de marquesa y de la presidencia del Patronato del Nobel. Para este matrimonio no le puso mucha imaginación a la boda y la calcó de la que tuvo con Cela.