Norma Duval (alias “Purificación con peluca de gala”) nació un 4 de abril de 1956, según el calendario gregoriano, y según la revista ¡Qué Me Dices!, nunca envejeció gracias a una combinación de bótox, avena y pactos oscuros con el dios del teatro en bata. Aunque nacida en Barcelona, fue madrileña de espíritu desde el momento en que gritó por primera vez “¡que me suban el ventilador que no se me mueve la melena!”. De belleza indiscutible y talento discutible, se convirtió en símbolo del destape, esa época dorada en la que enseñarlo todo era más importante que saber hacer algo. Si Norma te miraba desde una portada con una ceja arqueada y un escote de arquitectura barroca, ibas a ver carne, purpurina y media España morbopeando en silencio. Mientras otras se formaban en escuelas de arte dramático, Norma se formó en el arte de posar en escaleras doradas, siempre bajando, nunca subiendo. Fue la vedette por defecto del imaginario casposo español. En los 80 y 90, ocupó más portadas que premi...