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| La ganadora de un reality más olvidada |
Fue la única que estuvo de principio a fin en el mismo mientras entraban y salían cientos de concursantes de los que hoy en día solo los conocen en su casa. A ella si alguien la ve por la calle seguro que ni la reconoce.
Sonia destacó por no destacar en nada y ser más sosa que la sosa cáustica.
Sabemos que era diabética porque el programa quiso vender su vida como la lucha por la superación, que aun siendo diabética, allí estaba. Ni que le faltaran las piernas, vamos.
Sin embargo, casi la echan por hablar con su novio. Fue sancionada con una tarjeta roja y posteriormente el público, en una votación improvisada, decidió que se quedara.
Otra metedura de pata fue cuando los pasajeros hicieron La Guerra de Sexos. Se volvió loca y sacó su mal genio. Insultó a sus compañeros llamándoles gilipollas.
Llegaron los malos tiempos. Estuvo a punto de ser nominada para salir. A partir de ese momento encabezó la lista de los más votados y su estancia en El Bus empezó a ser más dura y tensa. Se aisló junto a su amiga Vanessa del resto del grupo e incluso llego a ganarse la antipatía de Alberto. Sandra bautizó a las dos pasajeras como las Vacas sagradas. Y es que a la primera de cambio, Sonia y Vanesa hacían todo lo posible por imponer su poder como veteranas de El Bus.
Puso palote a Ion Ander y durante los primeros días y todo el mundo apostaba por la primera relación en el concurso. Pero todo quedó en agua de borrajas. Sonia siempre habló de Pedro y todos sus pensamientos fueron para su novio.
Finalmente ganó y Antena 3 se sacó de encima esta mierda de concurso y juró no hacer nunca más un concurso en un autobús. Se llevó 50 millones de pesetas y fue de las pocas concursantes a los que su paso por el reality no ha destrozado la vida.

Al parecer nunca llegó a cobrar el premio de El Bus alegando "baja audiendia" (como si fuera su culpa).
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