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martes, 17 de diciembre de 2019

El Gran Wyoming

¿Y mi caviar?
José Miguel Monzón, conocido como Wyoming, es un bufón para la corte y villa socialista
Pésimo humorista, presentador cansino y cantante frustrado que encontró una manera fácil de hacerse rico desde el humor y peloteo a la izquierda.

Este demagogo e hipócrita va de comunista desde la poltrona de la tele y la tranquilidad que le dan sus 20 pisos en propiedad.

De nariz aguilucha, ojos saltones, pose de estreñido y con tanta espontaneidad como le permite su telepronter, se apropió del mote artístico más grandilocuente de toda España: El Gran Wyoming. Un amigo le puso el mote de Gyoming pero él le añadió lo de Gran, porque si no lo hacía él no lo haría nadie.

En algunas reseñas de Internet ponen que es periodista, músico, escritor, actor, presentador como si fuera el perfil de Leonardo Da Vinci.

Biografía

Resulta que el tipo este con traje y corbata que va de ciudadano Kane y para quien el caso Watergate sería una simple tira cómica empezó tocando el piano en algunos bares de putas de Madrid.

La mecha hacia el estrellato la encendió en el mundo de la música a los veinte años.
La trama para poder llegar a vivir sin pegar golpe la empezó con un socio de por vida, su amigo Reverendo.
Con él creó la banda de rock, tocando a diario en baretos.

En esas primeras actuaciones el Wyoming hacía comentarios irónicos sobre los periódicos del día forjando su futuro bufoneo.

Se sacó la carrera de Medicina que sólo rentabilizó dispensando unas cuantas recetas de ambulatorio.
Suerte que la farándula le fue bien, por eso seguimos vivos.

Un rostro tan particular no se podía despreciar y por eso pasó de hacer de extra en varias pelis a conseguir su primer papel principal: la película de Fernando Trueba Ópera Prima.
Luego vino el largometraje Sé infiel y no mires con quién.

Más adelante llegaron los programas de la tele.
Uno de ellos Fue El peor programa de la semana, que duró hasta que quiso entrevistar a Quim Monzó, el cual se había burlado de la infanta Elena.
En realidad ya lo iban a chapar por baja audiencia, pero esto fue la gota que colmó el vaso, aunque lo quisieron vender como censura.

Pero su entronamiento, en sofá de ejecutivo, todo hay que decirlo, viene con el programa de televisión CQC.
Quien iba a pensar que acabaría su carrera maltratando a una becaria.

Volvió a TVE en 2004 con La azotea de Wyoming. Fue un fracaso en los que los entrevistados se suicidaban tirándose desde la propia azotea. El humor corrosivo de Wyoming brilló por su ausencia cuando le fichó la pública para conducir un programa nocturno ajeno a polémicas.

Todo esta carrera para acabar de bufón en El intermedio, un programa de televisión izquimierdoso de laSexta presentado por él mismo nacido para mamporrear al PP y servir a su amo; ZP
En el primer Intermedio tras la debacle socialista, echó a la trituradora de papel los chistes por hacer sobre los trajes de Camps.

miércoles, 10 de julio de 2013

Pablo Motos

No es un montaje, es así de feo
Pablo motos es un feo que no tiene gracia ni carisma. Usa un humor facilón y mil veces oído, se recrea en chistes en la más rancia vertiente del club de la comedia. Y lo peor es que no está solo, sino que le acompaña una cuadrilla de colaboradores que ni en las peores pesadillas. Es muy feo, pero sea como sea, se lo tiene de un creído que a los feos y gordos les termina dando asco, es tan feo que cuando paró a la chica de la curva, le dijo: "muchas gracias pero ya viene mi padre a buscarme".

No solo presume de cuerpo de gimnasio, que si Aznar hace 2000 abdominales diarias, Pablo hará al menos el doble, si no que presume de graciosillo y hay veces que la gracia la debe tener en el culo o en el codo. A ver si alguien le dice a Pablo que el codo no es el pliegue en la mitad del brazo. El codo está al lado contrario. Pablo Motos se gustaba tanto que en un ataque de gula desmedida empezó a bocados con su propio brazo, escupiendo sus pecas cual pepitas de sandía.

Cuando mojaba su culo o codo en salsa tártara, comenzó a sufrir fuertes dolores en su estómago, acompañados de convulsiones y aspavientos impropios de alguien tan pequeño. Pablo Motos se paró en seco y cayó al suelo indigestado de si mismo. Un científico loco decidió utilizar el maltrecho cuerpo para ser la base de un nuevo cyborg, luego se dio cuenta que ya estaba así antes de morir. Prueba de ello es que viste siempre igual.

Viste de negro porque los ingenieros que le diseñaron no tenían tiempo para pensar en trapitos y el negro combina con todo. También lo prueba que Pablo Motos hace siempre lo mismo. Fue programado para hacer entrevistas gilipollas y humillar a sus invitados con una rutina de movimientos que incluye dos o tres bailecitos, frases como relaaaajate, que entre Flipy, no hay tiempo para más, etc. Pablo Motos tiene unos abdominales que no se corresponden con el resto de su cuerpo. De hecho, sus abdominales sólo se corresponden con los He-Man con los que juegan sus ingenieros antes de irse a la cama. La barba de Pablo Motos es una más que evidente prueba ya que está incluso mal pintada.